Sacarse los ojos de las cuencas y
lanzarlos con tanta fuerza que se pongan en órbita:
así verás que sigues vivo y
quizá empieces a apreciar lo que no.
Es un disonante acorde armónico el que
te recuerda por qué odias tu vida.
Quizá te eleves hacia Lucifer con
una melodía en Central Park en la oscuridad.
Todos seguimos la herejía hasta
desfigurarnos en teoría:
polvo de estrellas normativo.
Me preguntaba por qué me las daba de, cuando
entró un coche pitando que descarriló y
yo me disuelvo en el Flegetonte
mientras todo sigue diferentemente igual.
Esta lágrima de sangre hirviendo me
recuerda la violencia que es vivir:
todos estamos condenados a remar y
quizá esté ahí la comunidad, en
ese todos contra todos contra nadie, en
ese nada contra nada.
Bajé de las estrellas y
no hubo aire, éter, pneuma que
me dejara regresar.
Apagué el fuego cósmico durante un estornudo y
ahora sólo quedan fisuras de humo, de
polvo de estrellas en nada.
Quizá esparcirlo.
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