jueves, 20 de junio de 2013

La mancha

Si me centrara en la mancha de aceite de mi camiseta acabaría entendiendo el infinito anti-teórico-práctico, pues qué más dará soltar el nitroso cuando me desplazo a la velocidad de la luz con mi buga intergaláctico. No hay rozamiento que me lo impida en el vacío, por lo menos a mi mente, que ha surgido cuando me he quedado mirando esa mancha que va a arruinar mi reputación en mis historias mentales y no en el mundo que no me he inventado, pero allí sigo, traumatizado por tantas cosas y sólo una acaba de volver a preocuparme: la mancha. Soy libre de no serlo. No soy libre de ser imbécil.

Abro la puerta del baño y sigo confiando en que nadie se percatará, por mucho que me diga que no me importa ser un rebelde con causa, que no me importan las convenciones que me han traumatizado a lo largo de mi mísera vida, aquellas que me hacen andar continuamente contra un muro, como cuando lo hace el muñeco de un videojuego mal programado, o bien programado metafóricamente. Soy basura virtual y mi única pureza es ser puramente basura, cosa de la que no me siento orgulloso por esas convenciones idiotas. Si me moviera por lo útil me suicidaría. Qué duro es saber lo inútil e irracional que es mi existencia, pero será duro si yo quiero, por eso me centré en el marrón profundo de mi mancha.

Entonces llego a esa mesa y sonrío, como si no fuera la movida conmigo. Qué contento estoy de formar parte de esa cena. Igual si fuera aquel pollo frito estaría más contento. Deberían haberle dejado a él comerme, para que se sienta estúpido al menos una vez en su vida, para que píe como si no hubiera mañana: una piada por el tiempo, otra por Hitler y Godwin, otra por yo, y se vaya a la cama recordando cómo no se ha llevado a esa polla para follar como si fueran a tener polluelos sin tenerlos y nada más, olvidándose de por qué hacen tal cosa sustituyéndola por una reproducción sin reproducción, sólo para tener ese pensamiento sin reflexión, ese pensamiento del éxito que trae la felicidad vacía y se olvida de aquel instante anterior porque por el culo es de maricones.

- Uf, ¿y esa mancha? - Acaba de torcer la recta de las cejas como si yo quisiera ser millonario, como si el gas estuviera por toda la casa, como tu cara al salir del cine en pleno día, como la cara normal de Earl Hickey. Me pregunto por qué me lo pregunta. Quizás no tenga nada interesante que decir porque su vida es una mierda y se haya cansado de simular conversaciones que no le aportan nada, quizá sea de esa gente perfeccionista con todos pero no consigo misma porque de tanto mirarse al espejo se ha quedado trastornada, quizá sienta de verdad curiosidad por el origen de esa mancha.

- Pues, mmmm, he resbalado y he caído en ella, la mancha ha venido a buscarme a casa y nos hemos unido porque nos queremos, hay un viejo escupiendo tabaco y me ha dado porque todavía no tiene puntería, me he comido mis excrementos en el baño y se me ha caído la baba al mirarme la mancha en potencia, no hay mancha: es una brecha espacio temporal causada por tu ignorancia, mi mancha también me ha preguntado por ti, somos la continuación de ella, me sorprende que no conozcas el centro del Universo. 

Qué tontería.

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