lunes, 9 de diciembre de 2013

Infinito

Atraparse en la clandestinidad. Mirar abajo y ver dónde se está: en una aurora boreal. Tu saco de anónimo se abrió por un momento y nadie te vio y te sentiste vivo y desapareciste. Volviste al Sol. Esperas volver algún día a la Tierra. Esperas que alguien te contemple cuando luchas magnéticamente, pero que te contemple lejos, desde la corteza, tan lejos que no pueda absorberte, estatalizarte, axiomatizar tus flujos eternos. Pero tú no eres más enfermo, sino que seguramente lo seas menos. Un enfermo no cura a una enfermedad. Un espectáculo visual no cura a un ciego.

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