En invierno se juntaban, formaban una gran comunidad, bajo un sistema de leyes y costumbres, un sistema abierto que sufría las consecuencias del entorno, por eso cuando la temperatura aumentaba, éste respondía, disolviendo la comunidad. Ahora, bajo el calor del verano, el de la gente no es necesario, sólo el de algunos cercanos, el suficiente para no decaer en el vacío del pensar individual, aquel vacío que puede destruir a no ser que lo sientas creando o descubriendo nuevos campos de percepción. La mónada se puede dividir en esta estación. Cada elemento se individualiza, cada subsistema se convierte en sistema, en mónada en un infinito de mónadas. Como el Único se hace hipercomunidad desbordándose ahora descomulga insertándose en una nevera para conservarse durante esos días de sequía, entrando en una comunidad vagamente mayor: la familiar. Entonces este individuo incompleto, entre el frío del invierno y el calor de verano ha suplido sus carencias con lo tecnológico, abandonando lo político para resguardarse en el amigable ámbito de lo privado, creando un cyborg-estoico, casi 2000 años después. Quizá en nuestro tiempo el ser es tecnológico. Que se lo digan a Pinot-Gallizio y no a Heidegger.
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