Me crujo los dedos y entra en resonancia el cuarto,
hasta el radiador vibra curiosamente,
emitiendo unas olas que me unen con el mundo.
Allí me hallo, en la cresta de la ola,
en la cresta pero caigo.
Cuando caigo soy un ignorante,
no nihilista, como una torta del maestro al monje.
La ola me empuja, me eleva, me destruye,
pero en medio del mar nunca me expulsa.
La ola siempre está allí, me sube, me baja,
me enseña, pero no me hace entender.
Me hace sentir, me sumerge,
me guarda en su vientre.
La verdad no está ahí fuera, me dice.
Entonces baja la marea,
pero no pasa nada: volverá a subir.
El viento trae novedad.
Entonces vuelvo a mirar:
arriba, abajo, a la izquierda.
Lo malo es que no sé dónde miro.
No sé si soy yo quien miro.
No sé si soy yo.
lunes, 28 de julio de 2014
Buceando
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gracias
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