Arrostro las catástrofes como
los triángulos, como las unidades
deformables y elásticas de un
plástico de botella. Se
me olvida que he sido, pero
pronto vuelvo a mi estado,
¿contingentemente? No lo creo, quizá
sí para el que no me estudie,
como yo por ejemplo, que
estudiaba a mis alteregos, a
mis yoes que al final, después de
muertos, sonríen satisfechos con
lo que podrían haber hecho.
Bajo la placa metálica quizá
me sienta poeta cuando llegue la tormenta y
me alcance con su rayo, pues
tendré algo que decir al pueblo, pero
ya será tarde. Un sí que no, un no que sí.
Si no hay nadie cerca no sueno. Eso
es lo que piensa el rayo, mi
único compañero el día de mi suerte.
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